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El periodista y coautor del libro “Un viaje por la música”, conversa en extenso con Babel sobre las motivaciones, desafíos e intenciones de escribir para niños. “Lo hice hablándoles con ternura, pero también con mucho respeto y teniendo súper en cuenta que cada cosa que tú digas puede abrirle un portal a un niño curioso”, devela.

Pequeño Ciudadano es una colección de libros informativos para niños de la editorial SM, cuyo propósito es “involucrar a jóvenes lectores en temas de interés público, en sintonía con los cambios que vive nuestra sociedad a nivel local y global”, como cuentan desde su web. En su catálogo, se pueden encontrar libros sobre arquitectura, historia, comunicaciones, todas enfocadas al público infantil. En 2019, el editor de esta colección, Patricio Escobar, se contacta con el periodista Andrés Panes para concretar su visión sobre una temática que faltaba. “A él se le ocurrió que yo escribiera el libro de música”, dice Panes, agregando además que “Pato siempre tuvo en mente al Andrés Rodríguez, que es el co-autor del libro, que ya había trabajado haciendo ilustraciones para niños”.

Así es como comienza la propia historia de los autores para enfrentar el desafío de escribir e ilustrar para niños. En el caso de Panes, confiesa que “el cambio de switch fue cuático”, principalmente porque su formación viene desde la prensa musical especializada del país, sabiendo de su pluma revistas como Extravaganza y Rockaxis, así como también medios independientes y hasta los diarios La Tercera y El Mercurio. “Hay un cariz que, en la prensa musical, tal como uno la ejerce no está contemplado. Cuando se escribe de música, en general, no está contemplado que uno escriba con dulzura, ¿cachai?, y yo creo que a los niños hay que saber hablarles sin condescendencia, pero con dulzura y candor. Entonces eso fue difícil, incorporar el candor, dejando de lado la frialdad del periodismo”, argumenta el periodista quien hoy está dedicado –junto al diseñador y muralista Miguel Ángel Kastro– a la realización del podcast Microtráfico, dedicado a la escena de música urbana del país.

¿Tienes una canción favorita? 

La conexión emocional que tiene el libro se deja ver desde que uno lo tiene en las manos. “La música une a las personas porque atraviesa todas las fronteras. Estas páginas sobrevuelan las sorprendentes conexiones entre los humanos, el mundo en el que vivimos y lo que escuchamos”, dice su contratapa, texto que sutilmente está acompañado de los dibujos de una perilla de volumen y, en un extremo, de una conexión estéreo. “Por un momento, no nos importa si no nos conocemos; estamos más cerca el uno del otro cuando coreamos la misma canción”, dice otra cita que sirve para demostrar el punto.

Sin dudas, el libro que abarca desde los orígenes de las expresiones musicales hasta estilos recientes, pasando por algunos conceptos claves (como ritmo, melodía y armonía) e hitos acerca de la historia de la música universal, intenta ser algo mucho más profundo: transmitir el amor por la música. “Es la idea de que la música es mucho más que eso que pones en tu computador o teléfono y suena de fondo. Y desde esa idea se desprenden todas las demás: cómo la música es algo que te puede apasionar, que te puede cambiar la vida. Es un lugar en el que te puedes parar y, desde ahí, mirar el mundo entero, entonces eso es lo que trato de transmitir a los niños”, dice Panes.

– ¿Eso es lo más importante que intentas transmitir con este trabajo?
– Buscamos transmitir hartas cosas, pero todas tienen como base el desarrollo de un cariño a la música, de un deseo de abrazarla, de entender que es un salvavidas, algo que te puede acompañar, que te puede hacer sentir comprendido; que te puede ayudar mucho espiritualmente y que incluso te puede dar una carrera,  en el caso que te conviertas en un cantante o un músico. En el fondo el libro entero se trata de apreciación musical.

– ¿En quién te inspiraste?
– Más que inspirarme en un autor, el tono de este libro lo encontré imaginando cómo le explicaría mi amor por la música a un hijo, así que empecé escribiendo para ese hijo imaginario, al que bauticé como Baltasar Panes. Pero después me inspiré mucho en Julián (hijo de Hernán Angulo, amigo fallecido del autor); lo tuve a él en mente en más de la mitad del libro. Cuando hice ese cambio, la parte de la ternura cobró mucha fuerza y, a nivel de texto, el libro finalmente adquirió la personalidad que tiene. Y lo hice con lo que te decía, hablándole con candor, con ternura, pero también con mucho respeto y teniendo súper en cuenta también que cada cosa que tú le digas a un niño curioso puede abrir un portal. Así está escrito, pensado en que fuese un libro lleno de pistas y detalles para quienes quieran seguir indagando.

En esta misma línea, una ilustración que destaca es la del mapamundi invertido, haciendo recordar el famoso dibujo del uruguayo Joaquín Torres-García (del mapa de Latinoamérica al revés). Panes nos cuenta entusiasmado que esa fue una idea del ilustrador y co-autor Andrés Rodríguez, “quien fue muy importante en todo el proceso del libro”, dice, complementando que “de verdad fuimos co-autores que trabajamos codo a codo. Las veces que nos juntábamos los dos o con el editor, nunca dejamos de estar muy pendientes de los que estaba pasando en Chile, siempre hubo conversaciones que tuvieron que ver con política; cuando ocurrió el estallido el libro ya estaba imprimiéndose, pero nos dimos cuenta de que estábamos muy en sintonía con lo que había pasado. Por ejemplo, en una parte del libro hablamos de la cumbre en la carrera de un músico que ha pulido su oficio y nos preguntamos cuál era esa cumbre. «¿Es llenar estadios y ser famoso?». Y no, nosotros decidimos que esa solamente era una visión capitalista de las cosas y que la cumbre era que tu música fuese disfrutada, así que el libro tiene a una acordeonista tocando en una plaza para un chico y su perro que la escuchan gustosos”.

– ¿Cuál era la intención de contar las cosas de esta manera?
– Todo lo que escribí lo hice pensando que se iba a ilustrar, entonces traté de escribir de la manera más visual posible. Lo del mapamundi invertido, que es mi página favorita del libro, fue una idea de Andrés a propósito del párrafo que plantea que Chile no es el culo del mundo, sino una atalaya desde la que se puede mirar todo lo que pasa en otros países. Esa idea, por cierto, me la dio Cristóbal Briceño (Ases Falsos) en una entrevista. Él me lo dijo de esa forma y con esas palabras, y el libro está lleno de esos bits de sabiduría que me han transmitido los cientos de músicos con los que he conversado durante mi vida profesional. Entonces tomé esa idea de Briceño, la plasmé en el libro porque me pareció una visión muy cuerda de las cosas y el Andrés llegó y dijo “dibujemos un mapa al revés”, y me acuerdo de haber quedado mirándolo y decir “este loco es un pulento”, porque es súper político hacer eso. Y mi intención de contar la historia de esa manera… bueno, este libro para Andrés y para mí es un asunto súper personal y creo que está más claro que nunca en la historia que todo lo personal es político.

– Y la música es política.
– Absolutamente. Cuanto antes te hagas esa idea, mejor. Nosotros los treintones somos de una generación donde en la tele los famosos no hablaban de política, decían que era un tema personal y bla bla bla, la típica hueá, y nos criamos con esa mentalidad. Somos una generación que cachó más o menos de grande que todo tenía una dimensión política. Hoy, los niños tienen esas cosas súper claras, por eso “cancelan”, por ejemplo. Pasan esas cosas porque los locos saben que darte tiempo, escucharte, darte un click o un follow en el fondo es darte poder. Mientras más temprano los niños entiendan que la música es un tema político y que lo político forma parte de toda su vida, mejores ciudadanos van a ser; vamos a tener mejores personas en el país, vamos a tener una visión de las cosas distinta, mejor e integral. Desde chicos tenemos que entender que la pobreza es política, que el machismo es político, que todas las cosas que suceden tienen esa dimensión. Y si lo tienes incorporado en tu chip desde chico, al punto de saber que en la música ocurre lo mismo, ya tienes una ventaja respecto a la generación anterior, la nuestra. De eso se trata en gran parte el libro, de entregar herramientas conceptuales que le permitan a los niños ser mejores que nosotros.

– ¿Cuál sería una de esas ventajas?
– Cuando hacíamos el libro, pensaba en la gente a la que siempre veo conversando en los conciertos y con la que siempre pasaba rabias. Esa es gente a la que nadie le explicó el valor de la música, y a la que nadie le dijo que antes de que un músico se pare al frente tuyo a cantar, o antes de que aprietes play en YouTube, ocurren un montón de procesos fascinantes y hay todo un camino. Ese es el viaje por la música, algo que grafica muy bien Andrés con la ilustración de la pirámide que sale hacia el final del libro. Ojalá que los niños que nos lean crezcan apreciando el trabajo de un músico y no se conviertan en adultos que conversan en los conciertos (risas).

El dúo de la historia

A través de la conversación, el periodista siempre intenta dejar muy en claro que el trabajo final se dio en una coautoría súper cómplice con el ilustrador Andrés Rodríguez, –“el trabajo fue 50/50”– quien le entrega los colores y formas al producto final. Panes no escatima en elogios a su tocayo: “es brillante, muy humanista, muy cuerdo. Un hombre de familia de ilustradores y que desarrolla proyectos con mucha naturalidad”. Con el Andrés me pasó que ni siquiera me daba cuenta de que estábamos trabajando: nos juntábamos a trabajar en su taller, compartíamos una cerveza, hablábamos mucho de actualidad, nos poníamos a escuchar música, y de repente estábamos hablando del libro, tirando un montón de ideas, él escuchándome y tomando apuntes, y después de esas conversaciones él siempre tenía ideas gráficas. Hubo harto input suyo. Por ejemplo, hay una ruleta con grandes nombres de la música donde sale Julio Iglesias, y esas eran ideas de él. Un día me dijo: «me gustaría poner acá a la Raffaella Carrà». Claro que le dije que sí”, detalla.

– ¿Cómo resolvían las ideas que tu llevabas escritas para pasarlas a dibujos?
– Como te decía antes, hubo de mi parte mucho de pensar imágenes. Por ejemplo, en una parte hablamos de synth pop y tenían que ser los Pet Shop Boys los dibujados, porque no se me ocurre otro grupo más visual. También sale Lil Pump, que es un trapero y está dibujado con un tigre (por el video ‘Gucci gang’); o las Orange Caramel, que es un grupo de k-pop y salen dibujadas disfrazadas (de sirenas envasadas) como en su video ‘Catallena’, que es una de las imágenes emblemáticas del estilo. Hubo harto feedback con el Andrés, en el sentido que yo llegaba con la materia prima de los textos, pero todas esas ideas fueron enaltecidas y elevadas por Andrés y su trabajo con las ilustraciones, que fue fantástico.

– Fue una buena experiencia, entonces.
– Quiero puro hacer otro libro con él; ojalá hacer muchos libros con ilustradores, es muy inspirador. Trabajar con Andrés fue tirar semillas en la tierra para que el otro las regara, y así mutuamente. Es muy agradable colaborar con alguien así de brillante, y hubo momentos de mucha emoción en ese trabajo, el libro tiene una dimensión emocional para los dos. En la parte que yo explico que la gente con Alzheimer pierde la memoria y eventualmente llegan a un punto que lo único que recuerdan son las canciones que les gustaban cuando eran jóvenes, Andrés lo ilustró con nubes de pensamiento que se iban quedando en blanco. Cuando me contó su idea, casi me pongo a llorar, y cuando me la envió dibujado, ahí si que lloré, me dejó loco lo que hizo, enalteció todo, llevó todo el texto al siguiente nivel. Fue muy bacán trabajar con él.

La educación musical

Un tema sensible tiene que ver en los cambios que ha sufrido la educación musical en los colegios. Diversas reformas han dado paso a una disminución en sus horas de enseñanza hasta la eliminación de su obligatoriedad, haciendo cada vez más restringidos estos contenidos. Al respecto, Panes cree que “tener niños conectados a la música hace que estén conectados con el devenir de las sociedades, futuros adultos integrales”, y por eso es “súper importante que tengan claro desde chicos que la música es una parte importante de la educación. Es algo con lo que puedes desarrollar tu inteligencia emocional, un prisma por el que puedes mirar el resto de las cosas y, sobre todo, entender mejor la sociedad”.

Como todo trabajo que tiene que ver con niños, el apoyo de los padres es clave. En nuestros tiempos de cuarentena, tanto los autores del libro como su editor resolvieron realizar en podcast “Un viaje por la música”, que tendrá 22 episodios (uno por cada doble página) y llevará las ideas que contiene al terreno de los adultos. La idea es que puedan integrarse a la lectura y sean promotores en la formación musical de sus hijos a través de esta herramienta complementaria a la educación formal.

– ¿Qué importancia crees que tienen libros como el tuyo en tiempos donde no se asegura una educación musical integral debido a los cambios curriculares?
– Sobre las mallas curriculares, es verdad, la visión que entregan de la música es bien superficial. A mi me tocó estar en una escuela donde la clase de Música la hacía el profe de Educación Física y las pruebas no eran ni siquiera con flautas porque no teníamos, entonces había que percutir en la mesa y esa era la limitada visión de la música que me entregaron, digna de lo charcha que es la educación chilena. Lo que deberían enseñarte es que todas las expresiones culturales son valiosas y que son mucho más que un placer excéntrico o para millonarios. Es muy tercermundista lo que nos pasa, que sintamos que el deleite estético es un placer reservado para ciertos intelectuales o ciertas capas de la sociedad y no, todo lo contrario: ahora la música es más accesible que nunca. Por eso, todos estos saberes que tienen que ver con la apreciación del arte deberían tener un espacio más grande en la formación de los niños. Estamos tan enfocados en lo que es la producción, hacer niños para que se conviertan en trabajadores para seguir alimentando el modelo y el sistema, que se nos olvida que el esparcimiento que te puede dar la música, el solo hecho de estar piola con tus audífonos, son cosas que te hacen bien para el espíritu. Ahí hay una dimensión medio abstracta, no tan concreta de la música que la aleja de la malla curricular. En el fondo, la música es un arma que te lleva a pensar cosas sobre el mundo que no le convienen mucho al modelo. Es importante que los niños puedan acceder a las músicas y a estos saberes, ojalá sea por los colegios, pero para eso habría que reformular el entendimiento que tenemos de la música. Y si no es por ahí, al menos está este libro.